Metafísica

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miércoles, 22 de octubre de 2014

LA REDUCCIÓN FILOSÓFICA EN LA FILOSOFÍA DE B. RUSSELL, Y LA DEFENSA DE LA FILOSOFIA EN LA METAFÍSICA DE SANTO TOMAS

   Sin duda nos hemos acostumbrado tanto a tener las cosas fáciles, y creo que no hay ningún problema al que podamos decir que nuestra sociedad viven en un estado de comodidad. Lo dicho anterior lo hago porque incluso hasta usar nuestro intelecto queremos darle como que las cosas fáciles, queremos reducir y hasta qué punto, de ya no darle “trabajo”. Al son de estas especulaciones quisiera dejar de entrever sobre la realidad, que reducir ciertos aspectos de nuestro intelecto causa ciertos errores. Por lo tanto pues no podemos reducir todo, por ejemplo la filosofía y el ser, y si hay alguno que lo haga es solo para “no” causarse más problemas; parafraseando a Heidegger, porque existe el Ser, y más aun, el Ser y la participación. Porque no más bien existiera nada, así nos evitaríamos el problema (cfr. G. Fraile, Ha. Fil. II, II).

   En la sociedad vemos marca este aspecto, normalmente siempre se quiere reducir. Por ejemplo: reduzcamos el número de hijos para tener una mejor economía. Ahora bien, a ¿Qué viene todo esto? Quiero fijarme en un pensador británico, Russell. Éste quiere reducir la filosofía es su contexto a una lógica, y, es mas a una lógica matemática. 

   Pero si vemos más detenidamente éste pensador tiene cierta similitud con un colega suyo, Moore, en el que observamos que los problemas de los filósofos son solo de ideas, porque en la realidad no hay problemas, por lo tanto es un problema de lenguaje (cfr. G. Fraile, Ha. Fil. VII, Pág. 89- 92). Propone pues un análisis lógico. Análisis que consiste en examinar las proposiciones en la teoría de los filósofos y poder observar la verdad o la falsedad.

   Russell tiene un modo de pensar similar, y propone un atomismo lógico en la que se analiza el lenguaje y las proposiciones, por lo tanto una reducción lógica en la filosofía. Ya que solo con este análisis lógico la filosofía tendrá rigor y ya no crea problemas. Pasar de un lenguaje común a proposiciones lógicas (Cfr. Nuestro conocimiento del mundo exterior, trad. En obras completas II cit. Ha. Fil. G. Fraile, Pág. 122).

   Por consiguiente existen hechos simples o particulares en la que notamos diferencia, gracias a la lógica (ibíd. Pág. 123). Esto nos plantea que cada cosa tiene un nombre, y a cada cosa individual le corresponde un nombre; este modo de ver la realidad contrasta con la postura de los universales en la filosofía realista y se acerca más al nominalismo de Occam.  Podemos observar pues que este realismo lógico es un reduccionismo lógico, reducir la realidad a la lógica.

   Por lo dicho cabe preguntar como quedaría fijada la filosofía, pues se encargaría de analizar los conceptos o ideas. Pero podemos cuestionarnos sobre este aspecto, en la filosofía el ser es algo fundamental, ¿Qué es el ser pues, si tuviéramos que aceptar la reducción? ¿Podemos acaso reducir el ser a un aspecto lógico? Si así fuera ¿Dónde quedaría el ser que es el hace que las cosas sean? Y si todo llevara a aceptar ¿la filosofía, que es el estudio del ente en cuanto ente, podemos reducirla a lógica, que se encargue de estudiar los resultados de la ciencia en progreso?

   Todo esto Russell dirá que sí, que ahora la filosofía es lógica, que tiene que ocuparse de analizar proposiciones y utilizar un lenguaje matemático.

  Lo dicho anteriormente lo podemos refutar siguiendo el pensamiento de Santo Tomas. A lo largo de la historia del pensamiento filosófico hemos visto como la filosofía tiene un papel relevante (hasta el tiempo del positivismo, en la que la filosofía tenía un papel secundario, pero sin darse cuenta que utilizaban los métodos de la filosofía. Esto lo podemos entender de la siguiente manera: las ideas mueven al mundo) es mas el ser tiene el papel de fundamento, ya que sin él nada existiría. Entonces descartamos a la lógica, claro que no. La lógica es algo importante en la filosofía pero no del todo. Sino que la filosofía tiene un desarrollo importantísimo pues estudia al ser en cuanto ser y su amplitud.

   Santo Tomás dirá: 
«aquello que primeramente concibe la inteligencia como lo más evidente y en lo cual viene a resolverse todas sus concepciones, es el ente» (S. Tomas, de caelo et mundo, Lib. I, Lect. 22 cit. Ha. Fil. Medieval, J. I. Saranyana, Pág., 219) 
por lo tanto nuestra inteligencia comprende que algo existe, pues ente es lo que es. Tal afirmación de que el ente es, es una expresión de convencimiento de que todas la realidad esta actualizada tanto el espíritu que conoce, como las cosas conocida. La metafísica tomista evita reducir la estructura de lo concreto a la estructura de nuestro lenguaje, es decir, a la de nuestro pensamiento abstracto. El ente no es un predicado, no es un concepto, no es como un género supremo. El ente no es un denominador común que excluye la multiplicidad o, al menos, la hace bastante ilusoria, sino que el ser es a la vez lo más universal y lo más individual, porque solo se capta en las realidades individuales. (Ha. Fil. Medieval, J. I. Saranyana, Pág. 220)

   Por lo tanto la filosofía no se puede reducir a la lógica, sino que la lógica está incluida en la filosofía, que por cierto fue desarrollada en la filosofía de Aristóteles y Santo Tomas, como de muchos también.

martes, 21 de octubre de 2014

SOBRE LOS LIMITES DE LA RAZÓN: EL NOÚMENO Y LA REAFIRMACIÓN DEL FENÓMENO

   ¿Qué es lo que ha sucedido con la metafísica cuando sus caminos no han alcanzado una vía segura para alcanzar su fin, puesto que «se ve obligada a retroceder una y otra vez y a tomar otro camino»? Y es que cuando sucede esto podemos estar seguros que «no es más que un andar a tiendas» (Crítica de la Razón Pura, BVII).  El filósofo de Königsberg entiende que la desgracia de la metafísica es el hecho que desee estar por encima de la razón, sobre pasar sus límites, de ello, que no pueda ser considerada una ciencia, sino ineludible  tendencia inherente al hombre. Ahora bien, en el capitulo III de la analítica de los principios, Kant, desarrolla su doctrina sobre fenómenos y noúmenos, en el que insiste sobre los limites de la razón, contenida en el noúmeno, de cual quisiera hacer algunas consideraciones y entrever como la insistencia de los límites de la Razón aseguran un conocimiento válido, necesario y a la vez expansivo, características fundamentales en toda ciencia y el sistema filosófico kantiano.  

   Kant habla sobre el conocimiento como una isla basta pero limitada por un océano ancho y borrascoso, «patria de la ilusión», donde la Razón es el navegante ansioso de descubrimientos incapaces de abandonar, pero tampoco de concluir. El territorio de la isla es el espacio firme donde el entendimiento  puede construir todo tipo de ciencias, puesto que se asienta sobre la firmeza de la experiencia sensible teniendo como objeto de conocimiento todo tipo de fenómeno. Sin embargo, el territorio marino corresponde al lugar donde la razón pretensiosa desea edificar sus conocimientos metafísicos. Lo que aquí Kant trata de evidenciar es el límite que tiene la razón en cuanto al conocimiento trascendental, es decir, todo aquello que puede llamarse conocimiento en sentido estricto, no puede traspasar los limites de la experiencia, limites de la isla antes eludida, puesto que todo objeto que es dado a nuestras impresiones sensibles, considerados fenómenos, son dadas al entendimiento. Ahora bien, Kant admite la existencia de noúmenos como «objeto de una intuición no sensible»  o en otro lado: objeto de un intuición inteligible, sin embargo, no es un concepto que corresponda con una realidad fenoménica, a pesar de ello, sí lo es de la realidad limitada de nuestro conocimiento. Ahora bien, si es un concepto al margen de la sensibilidad, ¿cómo se llega a su conocimiento? Por ello, ¿No es acaso ilegitima su mera consideración? Estas preguntas deberán ser analizadas en otro momento, lo que ahora interesa es considerar como los limites de la razón acentúan y afirman el conocimiento que Kant tanto desea encontrar: puro y expansivo. 

   Dice el filosofo de Königsberg luego de un complejo análisis: 
«lo más que puede hacer a priori el entendimiento es anticipar la forma de una experiencia posible; nunca sobrepasar lo límites de la sensibilidad» (CRP,  A 246-247; B 303)
Esto demuestra que la noción de noúmeno no es sino un concepto limite, utilizado para demostrar las pretensiones de la razón y afirmar los limites trascendentales de esta, reafirmando así su doctrina sobre la trascendentalidad, es decir, el conjunto de leyes internas del entendimiento  que son condición de la experiencia, por lo que no es un ir mas allá de la sensibilidad, si no un venir mas acá, indagando en la condiciones apriorísticas del entendimiento y la sensibilidad, condiciones que por ser independientes de la sensibilidad (no prescinden de ella sino mas bien la condicionan) pueden suministrar al conocimiento sensible (criterio de expansión) las condiciones de necesidad y universalidad. 

   La verdadera dificultad surge cuando Kant habla de los noúmenos como cosa en sí, algo de lo que nada podemos saber, que, aunque no es contradictorio, acentúa más la duda sobre su realidad objetiva, puesto que si nuestro conocimiento solo se refiere a lo sensible, el noúmeno no estaría en las posibilidades de la razón especulativa, solo quedaría pensar que es el contrapeso del fenómeno, como reafirmación de este. Ello también supone ser una salida a cierto escepticismo metafísico engendrada por  los desvaríos de la razón que no ha reconocido sus límites.