Metafísica

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miércoles, 22 de octubre de 2014

SOBRE EL IMPERATIVO CATEGORICO

   Todos queremos tener una vida grata, o como comúnmente le llamamos una vida feliz, y para conseguirla nos debemos de esforzar para obtenerla, el esfuerzo consiste en realizar lo que nos puede dar provecho u obtención del fin con que se ha realizado la acción; para el campo ético esa felicidad es su aspecto material, pero en el año 1724 nace en Königsberg, el ilustre pensador Immanuel Kant que a sus 64 años de vida terminaba de formular una Ética Formal consistente en que la ley moral emana de su propia racionalidad,   contraria a la Ética Material.

   Para llegar a formular su ética Kant se preguntaba cuáles son las normas o la mejor forma de actuar a lo cual buscará dar una respuesta. En su resolución influye de gran manera el Pietismo, religión en la que fue educado, unos rasgos del pietismo son su racionalidad e interpretación individual de las escrituras y en derivación su salvación individual, tienen estimación por la laboriosidad, algo muy notorio en este filósofo de la racionalidad moderna, puesto en evidencia en la anécdota contada de su estricta rutina de estudio, que hasta la gente ajustaba el tiempo del reloj cuando pasaba Kant, ya que lo hacía siempre a la misma hora. Del pietismo sacara la Autodeterminación y el Cumplimiento de la ley no por interés sino por ley.

   Immanuel Kant cree que para llegar a la felicidad deben de existir principios universales, lo cual es imposible en la ética material por ser teórica. Para obtener esos principios universales solo es posible por medio de una ética formal. Está convencido que no hace falta que un principio exterior a nosotros nos dicte las prototipos de acción, como lo dice la ética material. Sabe de igual forma que la Razón es común en todos los humanos, pero a la vez ve que estamos encerrados en una minoría de edad en la cual nos vemos temerosos a atrevernos a pensar por nosotros mismos, a ser libres, a ser adultos. Para ser adultos tenemos que indagar dentro de nuestra razón y seguir las reglas del razonamiento lógico, ella nos dirá Cómo es que debemos actuar. 

   Kant tiene a su ética por Autónoma que se contrapone a otras éticas que reciben de otros las instrucciones de lo que es correcto hacer, estas son conocidas como éticas heterónomas ya que dependen de una autoridad o un dios externo. El filósofo de Königsberg nos invita a Autodeterminarnos, de esta manera nuestra razón no va a decir que lo que cuenta no es Qué buscamos al actuar sino Cómo debemos actuar y nuestro actuar es apegarnos al Deber. Dicho de otra manera debemos ser racionales y no interesados, pues, cumplimos el deber que nuestra razón nos dicta y no actuamos por interés personal.

   La indagación en nuestro razonamiento nos Debe llevar a descubrir los deberes o como él les llama “Imperativos Morales”; Kant dice que en nuestra recta razón hay dos tipos de Imperativos: 1) Imperativos Hipotéticos, ejemplo  Si quiero ganar el curso debo estudiar, pero sino quiero ganar no tengo que estudiar. 2) Imperativos Categóricos, ejemplo Debo estudiar incondicionalmente (incondicionado, sintético y necesario) Kant dio dos formulaciones del imperativo categórico: a) actúa de modo que consideres a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de otro, siempre como fin y no como un simple medio. b) actúa de modo que la máxima de tu voluntad valga siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal
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   Es evidente que la ética kantiana es autónoma, pues, es cada persona quien se aplica el imperativo categórico, dándose a sí mismo su propia ley y estableciendo su deber independientemente de las causas externas. A pesar de que  esta ética pareciera ser estar muy bien estructurada tiene desperfectos que pensadores posteriores radicalizaron y otros intentaron buscarle una salida, entre los más conocidos:              Federico Nietzsche (1844-1900) famoso por haber sido el profeta de “la muerte de Dios”, y por la revolución ética que tal muerte encaminaría; muerto Dios desaparecen los valores tradicionales y el hombre crea nuevos valores y se pone en el lugar de Dios. Jean Paul Sartre (1905.1980) dijo que el ser humano es un ser libre, cuya existencia está por hacer, y lo hace actuando con autenticidad, que consiste en asumir la carga inevitable de nuestra libertad, ese es el verdadero imperativo moral; actuar de mala fe es dejar que otros decidan por nosotros, y por consiguiente somos inmorales. Con este perfil subjetivo e individual de la libertad, Sartre dice que puede haber una cierta moral común pues el ser humano debe comprometerse a querer, al mismo tiempo que su libertad la libertad de los otros. Más adelante Jürgen Habermas (1929) como continuador de la ética formal de kantiana propone una “ética comunicativa” que consiste en un consenso universal que básicamente consiste en que la moral, será, las normas aceptadas por la comunidad dialogante.

   Ahora bien, analicemos cuales son los pro y los contra de la ética formal de Kant. Algo que hay que loar de Kant es que ha sido el primero en reconocer la Dignidad Humana, pues, reconoce al ser humano como un fin y no como medio; Karol Wojtyla ha hecho una interesante reformulación de este principio a través de la norma personalista que intenta ir más allá y acercarlo al mandamiento del amor.  En su obra Amor y responsabilidad Wojtyla pone en evidencia el lado positivo y el negativo de dicho planteamiento. De la misma manera es muy valiosa la invitación que nos hace para atrevernos a pensar por nosotros mismos sin olvidar el reconocimiento del otro como límite de nuestra acción. En cuanto a su ley universal, parece ser poco persuasivo, ya que si nos detenemos a analizarla podemos ver que es capaz de anular nuestra confianza en los demás, un ejemplo para entender mejor: puedo hacer una promesa ahora pero si con el paso del tiempo mi razón me dice que no debo cumplirla, la puedo romper sin ningún inconveniente, ya que estaría actuando moralmente. La racionalidad es algo muy importante en el comportamiento kantiano como lo hemos notado, el problema de esto radica en su Absolutización para Autodeterminarnos, pareciera ser que Kant no le fue tan visible la diversidad de racionalidades. La razón es la soberana que nos indica Cómo actuar convirtiéndose en Deber y debemos actuar necesariamente por respeto a la ley, pero siguiendo este lineamiento el hombre quedaría solo con conocimiento y acción ¿en dónde deja la Voluntad y la Virtud, que son propios del hombre? Son aspectos que ha dejado pasar sin más. A esta ética formal le hace falta el sentido, el fin, el bien que el cumplimiento del actuar nos permite alcanzar. Aristóteles concibe que el fin de la vida humana es la felicidad es decir una vida virtuosa, a esto, Tomás de Aquino agrega que existe una ley moral, natural, universal que nos dice lo que está bien o mal; es una ley objetiva, recibida desde fuera, de Dios y como hemos visto Kant muestra su desacuerdo con esa heteronomía. Racionalmente sabemos que el ser humano actúa por interés, siempre hace algo persiguiendo un fin, pues, no le encuentra sentido Cumplir el Deber si no es para obtener un bien y vivir satisfactoriamente. No es tan razonable ver a la vida humana como medio para cumplir la ley ética dictada por la razón pues de ser así pasaríamos a ser como maquinas programadas que cumplen con las indicaciones con las que están configuradas y eso dejaría al ser humano como una cosa, robándole la dignidad que le corresponde, dignidad que como se ha planteado, Kant apoya.   

martes, 21 de octubre de 2014

SOBRE LOS LIMITES DE LA RAZÓN: EL NOÚMENO Y LA REAFIRMACIÓN DEL FENÓMENO

   ¿Qué es lo que ha sucedido con la metafísica cuando sus caminos no han alcanzado una vía segura para alcanzar su fin, puesto que «se ve obligada a retroceder una y otra vez y a tomar otro camino»? Y es que cuando sucede esto podemos estar seguros que «no es más que un andar a tiendas» (Crítica de la Razón Pura, BVII).  El filósofo de Königsberg entiende que la desgracia de la metafísica es el hecho que desee estar por encima de la razón, sobre pasar sus límites, de ello, que no pueda ser considerada una ciencia, sino ineludible  tendencia inherente al hombre. Ahora bien, en el capitulo III de la analítica de los principios, Kant, desarrolla su doctrina sobre fenómenos y noúmenos, en el que insiste sobre los limites de la razón, contenida en el noúmeno, de cual quisiera hacer algunas consideraciones y entrever como la insistencia de los límites de la Razón aseguran un conocimiento válido, necesario y a la vez expansivo, características fundamentales en toda ciencia y el sistema filosófico kantiano.  

   Kant habla sobre el conocimiento como una isla basta pero limitada por un océano ancho y borrascoso, «patria de la ilusión», donde la Razón es el navegante ansioso de descubrimientos incapaces de abandonar, pero tampoco de concluir. El territorio de la isla es el espacio firme donde el entendimiento  puede construir todo tipo de ciencias, puesto que se asienta sobre la firmeza de la experiencia sensible teniendo como objeto de conocimiento todo tipo de fenómeno. Sin embargo, el territorio marino corresponde al lugar donde la razón pretensiosa desea edificar sus conocimientos metafísicos. Lo que aquí Kant trata de evidenciar es el límite que tiene la razón en cuanto al conocimiento trascendental, es decir, todo aquello que puede llamarse conocimiento en sentido estricto, no puede traspasar los limites de la experiencia, limites de la isla antes eludida, puesto que todo objeto que es dado a nuestras impresiones sensibles, considerados fenómenos, son dadas al entendimiento. Ahora bien, Kant admite la existencia de noúmenos como «objeto de una intuición no sensible»  o en otro lado: objeto de un intuición inteligible, sin embargo, no es un concepto que corresponda con una realidad fenoménica, a pesar de ello, sí lo es de la realidad limitada de nuestro conocimiento. Ahora bien, si es un concepto al margen de la sensibilidad, ¿cómo se llega a su conocimiento? Por ello, ¿No es acaso ilegitima su mera consideración? Estas preguntas deberán ser analizadas en otro momento, lo que ahora interesa es considerar como los limites de la razón acentúan y afirman el conocimiento que Kant tanto desea encontrar: puro y expansivo. 

   Dice el filosofo de Königsberg luego de un complejo análisis: 
«lo más que puede hacer a priori el entendimiento es anticipar la forma de una experiencia posible; nunca sobrepasar lo límites de la sensibilidad» (CRP,  A 246-247; B 303)
Esto demuestra que la noción de noúmeno no es sino un concepto limite, utilizado para demostrar las pretensiones de la razón y afirmar los limites trascendentales de esta, reafirmando así su doctrina sobre la trascendentalidad, es decir, el conjunto de leyes internas del entendimiento  que son condición de la experiencia, por lo que no es un ir mas allá de la sensibilidad, si no un venir mas acá, indagando en la condiciones apriorísticas del entendimiento y la sensibilidad, condiciones que por ser independientes de la sensibilidad (no prescinden de ella sino mas bien la condicionan) pueden suministrar al conocimiento sensible (criterio de expansión) las condiciones de necesidad y universalidad. 

   La verdadera dificultad surge cuando Kant habla de los noúmenos como cosa en sí, algo de lo que nada podemos saber, que, aunque no es contradictorio, acentúa más la duda sobre su realidad objetiva, puesto que si nuestro conocimiento solo se refiere a lo sensible, el noúmeno no estaría en las posibilidades de la razón especulativa, solo quedaría pensar que es el contrapeso del fenómeno, como reafirmación de este. Ello también supone ser una salida a cierto escepticismo metafísico engendrada por  los desvaríos de la razón que no ha reconocido sus límites.

sábado, 18 de octubre de 2014

BUSCANDO LO INCONDICIONADO: LA RAZÓN KANTIANA

¿Qué puedo conocer? A la anterior cuestión responde la gran obra de Immanuel Kant: La Crítica de la Razón Pura. Dentro de mencionada obra Kant aborda el problema del conocimiento y las condiciones para que este se dé. El filósofo de Königsberg dividió su obra en tres partes fundamentales: estética trascendental, analítica trascendental y dialéctica trascendental, sensibilidad, entendimiento y razón, respectivamente. Las tres grandes facultades del hombre.

El conocimiento humano recae sobre las mencionadas facultades y Kant examina el aporte de cada una en el proceso cognoscitivo. En la estética trascendental, ve la sensibilidad y las condiciones para que esta se dé. Dichas condiciones serán el espacio y el tiempo. Las condiciones mencionadas son de tipo trascendental y por ende, formas a priori de la sensibilidad, vacías de contenido empírico, es decir, puras, pudiendo ser así como dos coordenadas vacías sobre las cuales se ordenan las impresiones sensibles.

  La analítica trascendental fija su atención en el entendimiento y las condiciones que posibilitan los juicios sintéticos a priori. Si la sensibilidad percibe, el entendimiento ordena y comprende lo percibido y lo hace mediante conceptos. Es clásica aquella observación kantiana según la cual, intuiciones sin conceptos son ciegas y conceptos sin intuiciones son vacíos. El entendimiento kantiano es considerado como la capacidad de producir juicios o de juzgar y se da así sobre los fenómenos conocidos y comprendidos y a su vez referidos a conceptos. El entendimiento pues, asocia las imágenes percibidas a un concepto previamente conocido, es decir, puro, así Kant llegó a enumerar hasta doce conceptos puros a lo cual llamó deducción metafísica de las categorías. Estas categorías harán el papel de condiciones trascendentales del conocimiento de los fenómenos. Sin la actividad unificadora del entendimiento, que se realiza por medio de las categorías, el mundo que nos rodea sería un montón de sensaciones caóticas y sin conexión alguna. Las categorías servirán entonces, solo para proporcionarnos conocimientos ordenados y coherentes en el ámbito de la experiencia.

En la dialéctica trascendental, el filósofo de Königsberg, nos llevará a examinar la razón y expondrá la imposibilidad de la metafísica como disciplina científica. Kant da un rotundo no al conocimiento de las realidades que están más allá de la experiencia, es decir, las realidades metafísicas, ya que las categorías sólo pueden usarse con rigor científico aplicándolas a los fenómenos, los cuales solo se nos dan en el campo de la experiencia. En la dialéctica se muestra que la aplicación de las categorías al ámbito más allá de la experiencia es lógicamente inválido y cuna de errores, confusiones e ilusiones, por tanto, esos errores llegan de la ignorancia completa de la distinción entre fenómeno y noúmeno.

La dialéctica, como dijimos arriba, es el lugar donde se trata la razón, facultad que el hombre tiene y que forma parte de su conocimiento. Dicha facultad tiene una tendencia inevitable, la de buscar siempre lo incondicionado y pretende extender su conocimiento más allá de la experiencia, yendo a parar en las preguntas en torno a Dios, el alma y el mundo. Lo anterior se entiende leyendo lo que dice Kant 
«la experiencia jamás da satisfacción completa a la razón.» (Proleg., § 57.)

Immanuel enseña que el entendimiento además de formular juicios, establece conexiones entre dichos juicios. La razón, en cambio, deduce, espontáneamente, conclusiones de dichos juicios. Partiendo de razonamientos, la razón los va haciendo más generales, buscando cada vez reducir los razonamientos y dar con lo más universal. Esto para abarcar y explicar el mayor número de fenómenos. Nuestro filósofo ve, en cierto modo, con malos ojos esta actividad de la razón, puesto que fácilmente buscará lo incondicionado, la causa última, la meta final del Universo: Dios.
Esa tendencia de la razón sería útil, según Kant, solo si se aplica dentro de los límites de la experiencia. Pero no es así, la razón le es rebelde a nuestro filósofo y va inevitablemente al asalto de la unificación de todos los fenómenos físicos y de explicar el mundo por medio de teorías metafísicas yendo siempre tras lo incondicionado. Se refiere a esta acción en la Crup A462/B490:
 <<la razón se ve necesariamente conducida a ella, en el caso de que quiera liberar de toda condición y abarcar en su totalidad incondicionada lo que, según las reglas de la experiencia, nunca puede ser determinado sino en cuanto condicionado>>.
  Ese horizonte que nos propone la razón y sus pretensiones, nunca se alcanza y es visto por Kant como una acción negativa que forma parte inevitable de nuestro conocimiento. Más adelante será la filosofía hegeliana la encargada de dar un papel positivo a la pretensión generalizadora de la razón, llegando a comprender la razón como una capacidad omnicomprensiva de la realidad.